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Regar correctamente tus plantas de marihuana

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Son muchas las dudas que suelen tener los cannabicultores más inexpertos a la hora de regar, ya que supone una tarea clave en el desarrollo de sus plantas. Quizá no tengan claro la cantidad de agua necesaria ni cuánto tiempo ha de transcurrir entre un riego y otro, pero sí que saben que de no hacerlo bien pueden acabar por tirar al tacho toda la cosecha. Acá les contamos algunos consejos para realizar este proceso adecuadamente.

Ya seas más o menos ducho en el arte del cultivo de cannabis sabrás de la importancia vital que tiene el riego para que las plantas crezcan de forma adecuada. No obstante, siempre pueden surgir dudas, ya sea porque hemos cambiado de tipo de cultivo o bien porque hemos experimentado con un nuevo sustrato. Tenemos que tener en cuenta que influye tanto el suelo en el que plantamos nuestras cepas como la preparación de este, puesto que depende de si le añadimos ciertos componente para conseguir que drene correctamente.

Sea de una u otra forma, hemos de tener claro que las plantas de marihuana gustan de un riego ligero y continuado en el tiempo. En tierra, que será el caso que abordaremos, es recomendable regar de forma abundante y esperar cuanto sea necesario hasta que la tierra se seque para proceder al siguiente riego. En este caso, además, debemos ser conscientes de que tanto la memoria como la intuición jugarán un papel clave. Ya veras el motivo.

Detalles a tener en cuenta

Para evitar contratiempos, tenemos que recordar siempre algunos factores que nos ayudarán a saber si estamos haciendo las cosas correctamente o hemos metido la pata en algún punto. Un detalle muy importante es saber que a medida que se acerca el final de la cosecha las plantas consumen menos cantidad de agua. Por ello, se debe reducir de forma progresiva el volumen que damos a cada riego, ya que la tierra necesitará más tiempo para secarse. En caso de regar en exceso, el peligro de que aparezca moho en el interior de los cogollos es mayor. Y no queremos que eso ocurra bajo ningún concepto. 

A esto hay que sumar que, si dejamos un tiempo de reposo a la planta en los últimos compases de la floración, la cepa acabará por aumentar la producción de resina. En caso de que nos gusten las extracciones, producir un estrés hídrico puede resultar una gran opción para aumentar la cantidad de THC final en los cogollos.

Tampoco debemos extrañarnos si al cabo de algunos riegos vemos cómo en la superficie del sustrato se acaba por formar una corteza seca. Es conveniente que la rompamos con cierta frecuencia para evitar que el agua acabe por ir solo a los laterales de la maceta. Si no disponemos del tiempo para estar atentos a la formación de esta corteza y no nos apetece eliminarla cuando sea necesario, siempre podemos añadir algunos agentes humectantes naturales al agua de riego, ya sea yuca o aloe vera, pues estos permiten mejorar la penetración del agua en la tierra y en la planta. Además, posibilitan una mejor absorción de los nutrientes por parte de las cepas.

En cuanto a la técnica empleada por algunos cannabicultores de pulverizar agua sobre sus plantas, debemos tener en cuenta que la marihuana puede acabar por desarrollar raíces vagas. En caso de que detecte que a través de sus hojas recibe los nutrientes necesarios para sobrevivir, quizá las raíces dejen de cumplir con su cometido correctamente; a la postre, esta situación puede entrañar ciertos problemas. Por esto mismo, es recomendable que el riego se ejecute desde el principio a través de las raíces. 

Por último, debemos tener en cuenta que, por norma general, cuanto mayor sea una planta mayor cantidad de agua consumirá. Pero esto no siempre es así. Puede que cultivemos variedades de marihuana que no tengan sed acorde a su tamaño, por lo que habremos de controlar la cantidad de riego que les damos. Lo más aconsejable en estos casos, para que siempre reciban el riego junto al resto, es reducir la cantidad de agua y dársela en los mismos periodos que a las demás. Así evitaremos que se saturen. Si por el contrario tenemos una planta que necesita más agua que la demás, nos podremos guiar por el sentido común y darle un suplemento respecto al resto.

¡Manos a la obra!

Con estas premisas y recomendaciones bien claras, ha llegado el momento de agarrar la regadera y dar de comer a las plantas. Para calcular la cantidad de agua que necesita cada una, podemos seguir la siguiente regla: dar siempre un cuarto de la capacidad del recipiente donde está plantada, aproximadamente. Es decir, si tenemos una maceta de 1 litro, lo ideal sería vertir 0,25 litros, mientras que si la maceta tiene una capacidad de 12 litros, entonces lo más aconsejable es regar con 3 litros de agua.

Consejo: si colocamos platos debajo de las macetas podremos aprovechar más el agua, ya que regresará al recipiente en menos de un día. Eso sí, siempre y cuando tengamos un sustrato de calidad, que contenga perlita o fibra de coco, para que posea una capacidad de retención apropiada y al mismo tiempo nos asegure un buen drenaje.

Para llegar a ese volumen de agua puede que sea necesario regar dos o incluso tres veces, de forma lenta y uniforme, la superficie de la maceta. Una vez que hayamos hecho esto, debemos cerciorarnos de que la maceta pesa más que si no tuviera el agua en su interior. Así, durante unos días y a medida que veamos que la maceta pesa menos, será señal inequívoca de que la planta de marihuana está absorbiendo el líquido. Cuando veamos que están tan ligeras como el día en que regamos, tendremos que volver a agarrar la regadera para dar de comer a las ‘pequeñas’. De ahí que, como ya les advertíamos al principio, la memoria juegue un papel muy importante.

Aunque al principio nos resulte algo complicado, con la práctica acabaremos por manejar esta técnica como los más experimentados cannabicultores. De hacerlo así, debemos regar las plantas de cannabis cada tres o seis días. Estos tiempos pueden variar en función no solo del tamaño de la planta, como ya hemos comentado, sino también del clima: si las temperaturas son elevadas y el clima es seco, el riego deberá ser más frecuente.

Siguiendo todas estas indicaciones y poniendo en práctica toda la experiencia que hayas acumulado a lo largo de las cosechas, sin duda que no tendrás el más mínimo problema. Regar, por tanto, no entrañará ningún peligro.

Fuente Semillas de Marihuana

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