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Cómo ventilar correctamente tu cultivo indoor

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Cuando nos lanzamos al cultivo de interior de marihuana sabemos que es imprescindible contar con un buen sistema de ventilación, que ayude tanto a renovar el aire como a regular la temperatura y la humedad. Pero no siempre la teoría va acompañada de una praxis, y son muy comunes los errores a la hora de escoger ventiladores o extractores y colocarlos en la habitación. Porque, aunque dispongamos de el mejor sistema de ventilación, capaz de mover todo el aire de nuestro barrio, hay que saber instalarlo de forma astuta. Y sobre todo, tenemos que hacernos con un equipo adecuado a las características de nuestra plantación.

Un armario o habitación, un equipo de luces, fertilizantes… y un buen sistema de ventilación. Esta es la teoría que todos repasamos a la hora de preparar un cultivo de interior. El movimiento de aire dentro de la sala de cultivo es primordial, ya que va a asegurar todos los intercambios de gases necesarios que suele tener en el cultivo de exterior, como la fotosíntesis y la respiración. Pero no solo va a ser necesario para la entrada de aire fresco, sino que va a ayudar a evacuar el calor producido por las bombillas, gestionando mejor el clima, tanto en términos de temperatura como de humedad.

Las plantas de cannabis crecen fuertes en el exterior gracias en parte a la circulación del aire, fortaleciendo los tallos y ayudando a que las hojas de la marihuana transpiren, lo que a su vez las hace más resistentes a las plagas. Sin embargo, no sirve ventilar nuestro cultivo ‘indoor’ de cualquier manera. En ello muchos cultivadores tienden a cometer errores, pese a tener buenos sistemas de ventilación. A veces tiene que ver la potencia de los ventiladores y extractores, que puede ser excesiva o insuficiente, al no tener en cuenta la fase de desarrollo de la planta, las dimensiones de la sala o el calor emitido por las lámparas.

¿Cuánta ventilación necesita mi cultivo?

Antes de comprar ningún sistema de extracción calculá el volumen de tu cultivo para acertar con el modelo. El volumen de cultivo se calcula multiplicando ancho por largo por altura, lo que nos va a dar los metros cúbicos de nuestra sala o armario. Por ejemplo, un armario de 1 x 1 x 2 es igual a 2 m3. Cada modelo de extractor viene acompañado con el caudal de aire que es capaz de mover en m3/h (metros cúbicos por hora). Nuestro objetivo es calcular el volumen de aire que deberíamos extraer de nuestro cultivo a cada hora, que serían 60 minutos, por lo que hay que multiplicar el volumen de la sala de cultivo por 60.

Para nuestro ejemplo de armario el volumen de aire sería de 2 m3 x 60 renovaciones cada hora, igual a 120 m3/h. Por ello, deberíamos buscar un extractor que tuviese esa potencia de extracción, algunas veces los modelos vienen de fábrica anglosajona y la medida viene en pies cúbicos por minuto (pie³/min), por lo que habría que multiplicar por 1699 para dar con los metros cúbicos por hora (m³/h). No obstante, no podemos obviar que además del espacio de cultivo hay otro factor que afecta directamente a la ventilación: la potencia lumínica de las lámparas, ya que el extractor no solo renueva el espacio del cultivo, sino que regula el clima.

Por ello, conviene ajustar este cálculo del volumen de la sala con la temperatura y la humedad. Para asegurar que el extractor, además de renovar el aire, es capaz de evacuar los excesos de temperatura provocados por la luz y la humedad que generan las plantas al regarse, habrá que multiplicar por 3 los m3/h. Es decir, si tenemos 120 m3/h para extraer en nuestro cultivo de interior, deberíamos dar con un extractor que tuviera una potencia de 360 m3/h.

Se podrían hacer cálculos más precisos en función de la potencia de las lámparas, pero luego hay otros factores, como las pérdidas en extracción derivadas por roces en el tubo de extracción o por utilizar filtros de carbón activo. Por ello, siempre es recomendable calcular multiplicando por 3, para asegurarse una ventilación efectiva pese a cualquier contratiempo. 

Eso sí, debemos variar estos cálculos durante los periodos nocturnos. De noche, las plantas no van a necesitar una extracción y movimiento de aire continuo; con encender el sistema 15-30 minutos cada hora será suficiente. Por ello, podemos hacer el cálculo multiplicando el volumen de nuestro cultivo por 15 o 30 renovaciones en lugar de por 60. La extracción nocturna evita que los niveles de humedad suban del 60 %. No es necesaria en las primeras fases de la planta, cuando apenas tiene follaje; sin embargo, cuando estemos al final de la floración conviene que el sistema de ventilación funcione las 24 horas para que no aparezca moho. 

Cómo instalar adecuadamente el sistema de ventilación

El extractor es el elemento central del sistema de ventilación, ubicado encima del cultivo o en el suelo y alineado con un conducto vertical que asegure que el aire fluye hacia fuera. Dentro del armario o habitación es importante también mantener un buen flujo de aire, por lo que nos conviene tener ventiladores portátiles para crear una suave brisa artificial. Es importante adaptar el tamaño del ventilador a las plantas: si son jóvenes aún, no conviene aplicar directamente un ventilador, ya que podrían deshidratarse.

A medida que las plantas van creciendo podremos ir aumentando la potencia del ventilador, por lo que es buena idea hacerse con uno que disponga de control de velocidades y que sea oscilante, para que se encargue él solo de abarcar buena parte del cultivo. Colocar un ventilador de estos por metro cuadrado sería lo ideal, aunque siempre es mejor varios que uno muy fuerte. Lo mejor es ubicarlos un poco más abajo de las lámparas para evitar que se formen bolsas de aire de caliente que luego asfixien a la planta.

Con estos consejos, tus plantas contarán con una ventilación suficientemente intensa como para crecer fuertes y libres de amenazas, y suficientemente suave como para que no sufran estrés. 

Fuente: La Mota

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